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La casita del horror

La leyenda de la Trenzuda

La trenzuda

Por los años de 1850, en los barrios de México, a altas horas de la noche no podías estar. Si eras mayor de 15 años, hombre agraciado o mujer, una pantera negra, con rostro de bella dama te podía agarrar.

Tenía una larga cabellera de trenzas, por eso su peculiar apodo, se aparecía pasadas las doce de la noche en las calles silenciosas y solitarias, esperando las próximas victimas en las que se iba aferrar.

Muchos cayeron en sus garras, algunas lograron poder contarlo, de otros solos los demás pueden narrarlo.

Su próxima presa casi nunca se daba cuenta de sus pasos, podía estar caminando normal y sentir la suave brisa de la noche, cosa que no lo hacía dudar, esta brisa iba en aumento cuando se encontraba cerca del lugar.

Quien la vería no le daba tiempo de distinguir el cambio que para otro ya sabía que algo mal estaba por suceder, si alguien en alguna casa estaba despierto, se apresuraba a sus ventanas cerrar y así no tener nada que escuchar.

Como pantera y familiar de un gato, caminaba sin rastros dejar, apresurándose para llegar hasta los pasos de quien iba a arrebatar.

¡Hay más!

Cuando estaba cerca se iba a transformando sin que su víctima se diera cuenta de lo que iba a pasar, hasta llegar al punto de tener el aspecto de una hermosa mujer, con trenzas hasta los pies, los cuales no se podían ver andar, pero que lo podía cautivar.

Con sus pasos silenciosos y firme comenzada a acelerar, cuando a su víctima ya tenía a punto de agarrar.

Se le aparecía por la parte de atrás y sus pies y manos comenzaba a lamer y luego a besar, para después preguntarle de forma seductora si a ella estaría dispuesto a amar.

Lo dejaba sin pensar en ese momento que solo una cosa podía responder: “¡A ti he de esperar!”. Y era allí cuando su víctima dejaba de respirar y ella de su alma se hacía dueña sin vuelta atrás.

¡Sin rastros de aquel!

Los pobladores se daban cuenta que algo había estado mal, porque el ruido de la pantera ella solía soltar cuando lograba hacerse dueña de una persona más.

Cuando salía el sol, todos salían a comentar y a preguntarse quién sería la nueva víctima de La Trenzuda en ese lugar.

Iban de casa en casa y quien faltaba, el pueblo lloraba sin cesar.

Algunos lograron contar su contacto con la mujer pantera producto de su mal andar, y recuerdan que fueron salvados porque sin querer alguien con un ruido de casa la pudo ahuyentar.

Estos últimos que acabamos de nombrar, de lo que no se pudieron salvar fue de una fiebre que muchos días les hizo temblar, y hasta a casa de hechiceros fueron a parar, para que oscurecieran los pasos de La Trenzuda y no lo volviera a encontrar.

Si su víctima era mujer, de ella no se iba a salvar, de igual manera se la podía encontrar y en sus largas trenzas hacerlas enredar, hasta que como pantera la arrastraba por las calles del pueblo donde desaparecía con ellas sin huellas dejar.

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